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Transición de plantas individuales a un ecosistema gestionado de forma holística.

La tierra restaurada hoy se convierte en un sistema vivo de memoria, resiliencia y futuro para las próximas generaciones.

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Transición de plantas individuales a un ecosistema gestionado de forma holística.

El proyecto DREVO comienza con plantas individuales, pero no termina con su plantación y su contabilidad individual.

Cada árbol, arbusto o planta herbácea es un organismo vivo independiente. Al mismo tiempo, forma parte de un sistema de conexiones más amplio:

con tierra;

agua;

hongos;

microorganismos;

plantas vecinas;

insectos;

aves;

animales;

clima;

humano.

A medida que la zona se desarrolle, las plantas individuales deberán combinarse gradualmente para formar comunidades vegetales, zonas naturales y un único ecosistema gestionado.

Secuencia de transición básica:

planta individual → grupo de plantas → gremio funcional → comunidad natural → zona natural → red de zonas naturales → ecosistema gestionado integrado.

Con el tiempo, la unidad principal de control deja de ser un solo árbol para convertirse en un sistema de relaciones entre los organismos vivos y el medio ambiente.

1. Desde plantar un árbol hasta crear un sistema

En la primera etapa, cada planta requiere atención individual.

Se han determinado los siguientes parámetros:

origen;

lugar de aterrizaje;

condición del suelo;

disponibilidad de agua;

iluminación;

protección contra el viento;

compatibilidad con las especies vecinas;

función ecológica prevista;

régimen de cuidados.

Sin embargo, plantar un gran número de árboles sanos no crea por sí solo un bosque sostenible.

Si las plantas:

no conectados por un sistema de agua común;

competir por los mismos recursos;

tienen la misma edad;

pertenecen a un pequeño número de especies;

no forman una cubierta de suelo;

No apoyan a los polinizadores ni a los animales;

dependen completamente de cuidados artificiales,

Entonces, el territorio sigue siendo un conjunto de plantaciones, y no un ecosistema.

La verdadera transición comienza cuando las plantas empiezan a desempeñar funciones complementarias.

2. Niveles de organización del ecosistema

Nivel I - Planta individual

En esta etapa, se evalúa la viabilidad individual de la planta.

Se tienen en cuenta los siguientes aspectos:

salud;

altura;

sistema radicular;

estado de la corona;

origen;

características genéticas;

resistencia climática;

valor ecológico y económico.

En las primeras etapas del proyecto, la planta recibe una tarjeta preliminar y, tras 16 años de desarrollo sostenible, un pasaporte ecológico permanente.

Nivel II - Grupo de Plantas

Varias plantas se combinan espacial o funcionalmente.

Esto podría ser:

un grupo de robles;

tira protectora;

grupo de frutas;

isla de arbustos;

plantación antierosión;

comunidad costera;

grupo de plantas pioneras;

arboleda de semillas.

En esta etapa, no solo se evalúa el estado de cada planta, sino también su impacto combinado en la zona.

Nivel III - Gremio funcional

Este gremio agrupa a plantas y organismos que desempeñan funciones diferentes pero interconectadas.

Por ejemplo, alrededor de un roble joven puede haber:

arbustos que lo protegen del viento;

Leguminosas que favorecen el ciclo del nitrógeno;

plantas tapizantes que reducen la evaporación;

especies con flores que atraen a los polinizadores;

Hierbas de raíces profundas que mejoran la estructura del suelo;

hongos implicados en el procesamiento de la madera;

aves que regulan la población de insectos.

Se considera que un gremio tiene éxito si sus miembros no solo coexisten, sino que también mejoran la estabilidad general del sistema.

Nivel IV - Comunidad natural

Los grupos y gremios de plantas forman gradualmente comunidades más complejas:

prado;

zona de arbustos;

arboleda joven;

tala de bosques;

zona de estepa boscosa;

comunidad de humedales;

sección de jardín forestal de varios niveles;

biocomplejo de biorremediación.

En este nivel aparecen:

microclima interno;

circulación orgánica propia;

regeneración natural;

estructura espacial;

fuertes vínculos con los animales;

régimen hídrico local.

Nivel V - Zona Natural

Varias comunidades se unen en una unidad territorial con límites definidos y un régimen de gobierno propio.

Una zona natural puede ser:

bosque formador de naturaleza;

estepa boscosa;

jardín forestal sostenible;

bosque de cuenca hidrográfica;

territorio de semillas;

zona costera;

prado;

sector de remediación;

zona de sucesión natural;

núcleo natural de bosque antiguo.

La zona natural recibe su propio pasaporte, mapa, objetivos de desarrollo y régimen de protección.

Nivel VI - Red de Áreas Naturales

Las zonas individuales están conectadas entre sí mediante:

corredores forestales;

franjas fluviales y costeras;

setos;

cadenas de embalses;

transiciones de praderas;

corredores de semillas;

rutas de migración animal;

sistema de agua común;

Monitoreo unificado del suelo y del medio ambiente.

En este nivel, el territorio deja de ser un conjunto de áreas aisladas.

Se convierte en un sistema paisajístico interconectado.

Nivel VII – Ecosistema gestionado integrado

El nivel más alto representa un territorio donde los procesos naturales y económicos están unidos por una gestión común a largo plazo.

Incluye:

bosques;

estepa boscosa;

jardines forestales;

prados;

zonas de agua;

áreas de remediación;

viveros;

arboledas de semillas;

granos de vejez;

infraestructura económica;

sitios educativos y de investigación.

La gestión no se lleva a cabo para objetos individuales, sino para el estado de todo el sistema.

3. El pasaporte individual como base para la contabilidad de los ecosistemas.

La certificación individual de las plantas es necesaria en las primeras etapas, ya que permite preservar la información sobre:

origen;

línea genética;

edad;

viabilidad;

estabilidad;

funciones ecológicas;

historiales de atención médica;

reacciones a la sequía, las enfermedades y las heladas.

Sin embargo, a medida que el proyecto avance, los datos de las plantas individuales deberán combinarse en pasaportes de nivel superior.

Secuencia contable:

pasaporte de una planta individual;

pasaporte de grupo de plantas;

pasaporte gremial funcional;

pasaporte de comunidad natural;

pasaporte de zona natural;

pasaporte de corredor ecológico;

Un pasaporte unificado para un ecosistema gestionado.

De esta forma, la información sobre un árbol individual no se pierde, sino que pasa a formar parte del panorama general.

4. Pasaporte del grupo de plantas

Se crea un pasaporte colectivo para las plantas unidas por:

función común;

origen;

territorio;

edad;

desafío ambiental;

régimen de cuidados generales.

Registra:

composición del grupo;

número de plantas;

estructura de edad;

origen del material de plantación;

cuadrado;

densidad;

estratificación;

condición del suelo;

régimen hídrico;

nivel de regeneración natural;

grado de competencia;

resistencia a las enfermedades;

función ecológica;

necesidad de adelgazamiento o suplementación.

Se considera que un grupo es estable si la pérdida de una planta no destruye su función principal.

5. Pasaporte del gremio funcional

El pasaporte gremial describe no solo las especies de plantas, sino también las relaciones entre ellas.

Especifica:

la principal planta formadora de la naturaleza;

plantas protectoras;

especies fijadoras de nitrógeno;

cultivos de cobertura del suelo;

fuentes de biomasa;

plantas melíferas;

especies de raíces profundas;

vides;

hongos;

animales emparentados;

productos domésticos;

posibles conflictos.

Para cada gremio se evalúa lo siguiente:

qué tan completamente está cubierto el suelo;

¿Hay floración continua?

se está formando materia orgánica;

es agua retenida;

¿Hay suficiente luz?

¿Existe una competencia excesiva?

¿Existen mecanismos naturales de control de plagas?

El gremio no debería convertirse en una estructura fija. Su composición cambia a medida que crecen los árboles y fluctúan los niveles de luz.

6. Transición de la atención individual a la gestión sistémica

En los primeros años, las plantas individuales pueden requerir:

riego individual;

protección contra los animales;

ligas;

formación de la corona;

tratamiento;

acolchado local.

A medida que el sistema se desarrolle, la atención individualizada deberá reducirse gradualmente.

Se sustituye por:

área total de captación;

microclima protector;

sombra natural;

cobertura continua del suelo;

red de cultivo de setas;

polinización natural;

control biológico de plagas;

autorrenovación;

circulación interna de la materia orgánica.

La transición a la gestión sistémica puede considerarse exitosa cuando la viabilidad de las plantas depende cada vez menos del mantenimiento manual constante y cada vez más de la salud de la comunidad circundante.

7. Gestiona las funciones, no solo los tipos.

Un ecosistema integral debe gestionarse mediante funciones.

Para cada zona natural es necesario determinar qué componentes proporcionan:

retención de agua;

protección contra el viento;

estabilización de taludes;

acumulación de materia orgánica;

formación del suelo;

fijación de nitrógeno;

apoyo a las micorrizas;

floración continua;

Base alimenticia para animales;

regeneración natural;

reducir el riesgo de incendios;

producción de alimentos;

preservación genética.

Si solo una especie desempeña una función determinada, el sistema sigue siendo vulnerable.

Por lo tanto, siempre que sea posible, las funciones importantes deberían ser duplicadas por varias especies y mecanismos naturales.

Por ejemplo, la protección del suelo puede garantizarse simultáneamente mediante:

plantas de cobertura del suelo;

hierbas;

hojarasca;

mantillo de madera;

arbustos;

elementos de piedra;

musgos.

Esta duplicación funcional es la base de la sostenibilidad.

8. Conectividad del territorio

Incluso las zonas naturales sanas pueden seguir siendo vulnerables si están aisladas unas de otras.

Un ecosistema integral requiere conectividad ecológica.

Proporciona:

movimiento de animales;

dispersión de semillas;

intercambio de material genético;

restauración de especies tras perturbaciones locales;

movimiento del agua;

mantenimiento de rutas húmedas;

expansión de las comunidades de hongos y del suelo.

La conectividad se crea a través de:

cinturones forestales;

corredores de arbustos;

cadenas de árboles;

riberas de los ríos;

zanjas con vegetación;

setos;

franjas de pradera;

zonas húmedas;

puentes verdes;

zonas de vegetación natural descontrolada.

La ruptura de las conexiones ecológicas debe considerarse un daño grave para el sistema, incluso si las plantas individuales permanecen vivas.

9. El sistema hídrico como marco unificador

El agua conecta todas las partes del ecosistema.

Por lo tanto, la gestión territorial no debe comenzar con la distribución de cultivos individuales, sino con la arquitectura hídrica general.

Incluye:

lugares de recepción de precipitaciones;

escorrentía superficial;

zonas de infiltración;

líneas de recolección de agua;

estanques;

zonas pantanosas;

desbordamientos;

drenaje;

tanques de almacenamiento;

humedad subterránea;

zonas de mayor evaporación.

Cada planta está incluida en el sistema general de riego.

Al planificar, se tiene en cuenta lo siguiente:

¿Cuánta agua consume la planta?

¿Qué proporción de la precipitación es interceptada por su copa?

¿Cómo afectan las raíces a la infiltración?

si crea una sombra;

¿Reduce la velocidad del viento?

¿Es capaz de proteger a las especies más sensibles?

En un sistema maduro, el agua se distribuye no solo mediante estructuras de ingeniería, sino también mediante la propia estructura de la vegetación.

10. La red del suelo como base oculta del ecosistema.

En la superficie, las plantas individuales pueden parecer separadas, pero bajo tierra interactúan a través de:

secreciones de la raíz;

microorganismos;

redes de setas;

agua;

intercambio de nutrientes;

descomposición de la materia orgánica;

actividades de los animales del suelo.

Por lo tanto, la transición a un ecosistema holístico es imposible sin restaurar el entorno continuo del suelo.

Necesario:

minimizar el procesamiento profundo;

evitar el movimiento constante de equipos pesados;

conservar los restos de las raíces;

mantener la cubierta orgánica;

dejar que parte de la madera se descomponga;

separar los flujos de suelo contaminado y limpio;

prevenir la compactación;

restaurar las conexiones micorrícicas.

El suelo no debe considerarse como un soporte para plantas individuales, sino como un órgano vivo único del territorio.

11. Los árboles longevos como nodos del ecosistema

El roble, el tilo, el arce, el fresno, el haya, el olmo, el cedro, el pino, el castaño, el nogal y otras especies formadoras de la naturaleza se convierten en los principales nodos a largo plazo del sistema.

A su alrededor se forman:

gremios de plantas estables;

comunidades de hongos;

zonas de alimentación;

lugares de anidación;

zonas sombreadas;

centros de semillas;

islas de fertilidad del suelo;

árboles sucesores.

Tras su certificación, estos árboles se consideran no solo como objetos individuales, sino también como centros de influencia.

Para cada árbol formador de naturaleza, se puede determinar su zona de influencia ecológica:

zona de la corona;

zona radicular estimada;

sotobosque asociado;

zona de regeneración natural;

especies relacionadas;

árbol o grupo de sucesores.

Con el tiempo, los centros de influencia individuales se unen, formando un marco que da forma a la naturaleza en todo el territorio.

12. La diversidad de edades como condición de continuidad.

Un ecosistema completo no debería consistir en una sola generación de plantas.

Debe contener simultáneamente:

semillas;

brotes;

plantas jóvenes;

maleza;

árboles de mediana edad;

árboles maduros;

ejemplares de bosques antiguos;

madera muerta, tanto de pie como tumbada;

madera en descomposición.

Cada etapa de la vida cumple su propia función.

Las plantas jóvenes proporcionan renovación. Los árboles maduros forman la cubierta principal y la base de semillas. Los árboles viejos forman hábitats complejos. La madera muerta sustenta hongos, insectos y la formación del suelo.

La gestión debe garantizar no la preservación de una época, sino un cambio continuo de generaciones.

13. Transición del control externo a la gestión adaptativa

En las primeras etapas, el sistema de recuperación está controlado principalmente por el individuo.

Humano:

selecciona especies;

controla el agua;

protege el suelo;

plantas plantas;

regula la competencia;

Elimina contaminantes peligrosos.

A medida que el ecosistema madura, el papel de los procesos naturales aumenta:

autosembrado;

selección natural;

migración de especies;

formaciones del suelo;

regulación biológica;

cambio natural de niveles.

La renuncia total al control no es el objetivo.

El objetivo se convierte encontrol adaptativo, en la que una persona:

observa;

analiza;

interviene únicamente cuando es necesario;

mantiene la dirección principal del desarrollo;

no suprime los procesos naturales beneficiosos;

corrige errores;

prepara el sistema para los futuros cambios climáticos.

14. Gemelo digital de un ecosistema gestionado

Todos los pasaportes de plantas, grupos y zonas naturales pueden combinarse para crear una réplica digital del territorio.

Incluye:

mapa de plantas;

límites de las zonas naturales;

estructura de edad;

niveles de árboles;

tipos de suelo;

áreas de andosoles y regolito;

contaminación;

El agua fluye;

nivel de humedad;

corredores ecológicos;

estado de la biodiversidad;

historial de intervenciones;

previsión de desarrollo.

Un gemelo digital no reemplaza la observación de campo. Nos ayuda a ver las conexiones y las consecuencias de las decisiones.

Con su ayuda puedes modelar:

crecimiento de la copa;

aumentar el sombreado;

necesidad de agua;

riesgo de erosión;

propagación del fuego;

cambio de generaciones de árboles;

desarrollo de un jardín forestal;

el impacto de eliminar o plantar especies individuales;

cambios en el horizonte de 25, 50, 100 y 150 años.

15. Niveles de madurez de la gestión

Nivel 0 - un conjunto de aterrizajes

Las plantas existen de forma independiente y dependen completamente de los cuidados.

Nivel 1 - Grupos organizados

Aparecen cinturones protectores, arboledas, gremios y comunidades de plantas rastreras.

Nivel 2 – zonas naturales funcionales

Las distintas zonas comienzan a desempeñar funciones ecológicas sostenibles.

Nivel 3 - Sistema de paisaje conectado

Las zonas naturales están conectadas por agua, bosques y corredores biológicos.

Nivel 4 - Ecosistema autosostenible

La renovación natural, la circulación orgánica y la regulación biológica están en funcionamiento.

Nivel 5 – Ecosistema maduro gestionado

Los procesos naturales y el uso económico se coordinan en el marco de una estrategia a largo plazo.

Un sistema como este:

preserva el marco natural;

produce productos seguros;

renueva generaciones de plantas;

resiste violaciones;

está documentado;

se está modernizando;

se transmite a las generaciones futuras.

16. Condiciones para el reconocimiento de un territorio como ecosistema integral

Un área puede recibir la categoría de ecosistema gestionado integrado si:

Sus límites han sido establecidos;

Se ha creado un plan hídrico unificado;

Se han formado zonas naturales interconectadas;

En ellos se encuentran diferentes tipos de hábitats;

El suelo tiene una cubierta biológica continua;

Se ha formado una estructura de madera que se adapta a la forma natural del entorno;

Hay presentes varias generaciones de edad;

La renovación natural funciona;

Las principales funciones ecológicas se duplican;

Se lleva a cabo el control de la contaminación;

Los flujos de alimentos y de remediación están separados;

Existen corredores ecológicos;

El sistema de pasaportes funciona;

Se ha determinado el régimen de protección y uso económico;

Se ha elaborado un plan para 25, 50, 100 y 150 años.

17. Gestionar todo el sistema

Para un ecosistema maduro, se crea un plan de gestión general que incluye:

Gestión del agua

acumulación;

distribución;

infiltración;

drenaje;

protección de las fuentes de agua.

Gestión del suelo

restauración de la materia orgánica;

prevención de la erosión;

control de la contaminación;

formación de nuevos suelos sobre regolito;

protección de valiosos andosoles.

Gestión de la vegetación

mantener la estratificación;

regulación de la densidad;

conservación de árboles longevos;

Introducción de nuevas generaciones;

control de especies invasoras;

formación de zonas de jardín forestal.

Gestión de la biodiversidad

conservación del hábitat;

protección de los polinizadores;

apoyo a las aves y los animales;

conservación de madera muerta;

creación de corredores ecológicos.

Gestión económica

producción de alimentos seguros;

colección de frutas y frutos secos;

actividades de guardería;

procesamiento de materia orgánica;

uso regulado de la madera;

recreación y educación.

Gestión de riesgos

sequías;

incendios;

inundaciones;

enfermedades;

contaminación;

pérdida de especies clave;

violación del régimen hídrico.

18. El principio fundamental de la transición

La transición hacia un ecosistema holístico no se produce cuando se planta un gran número de plantas, sino cuando se han formado conexiones estables entre ellas.

Una planta individual pasa a formar parte de un ecosistema cuando:

participa en el ciclo del agua;

afecta la formación del suelo;

asociado con otros organismos;

realiza una función específica;

incluido en la estructura espacial y de edad;

capaz de participar en la renovación natural;

se tiene en cuenta no de forma aislada, sino en el contexto de todo el territorio.

Secuencia básica:

plantación individual → observación → certificación → unificación en grupos → creación de gremios → formación de zonas naturales → conexión por corredores ecológicos → gestión adaptativa unificada → ecosistema maduro autorrenovable.

19. Definición final

El ecosistema gestionado de forma integral de DREVO es una red interconectada de plantas, suelos, masas de agua, hongos, animales y áreas naturales que se desarrolla según una estrategia unificada a largo plazo, mantiene la capacidad de regenerarse de forma natural y, al mismo tiempo, permite un uso humano controlado, seguro y reparador.

En un sistema así, una persona deja de gestionar cada planta por separado.

Él comienza a controlar:

condiciones;

conexiones;

corrientes de agua;

condición del suelo;

estructura de edad;

diversidad funcional;

riesgos;

dirección de un desarrollo centenario.

Las plantas individuales son elementos del proyecto. Las comunidades naturales se convierten en su estructura. Las conexiones entre ellos forman un ecosistema. Una gestión responsable lo convierte en un legado.